Autor: John Green
Editorial: Nube de Tinta
ISBN: 9788415594017
Nº de Páginas: 300
Sinopsis
Hazel acaba de
cumplir 16 años. Y tiene cáncer. A pesar de que un tratamiento ha
conseguido reducir su tumor de forma casi milagrosa, es una enferma
terminal. Los médicos no pueden decirle cuánto tiempo le queda; solo
sabe que debe vivir pegada a un tanque de oxígeno y sometida a continuos
tratamientos. Desde hace unas semanas, Hazel forma parte de un grupo de
apoyo donde otros chicos como ella comparten sus experiencias. En
realidad, ella acude más por obligación que por voluntad; ¿qué sentido
tiene hablar con otras personas de lo que nadie puede cambiar? Pero su
vida da un verdadero vuelco cuando conoce a Gus Waters... Os
preguntaréis: ¿quién es Gus? ¿Y cómo puede cambiar una sola persona la
historia de otra?
Opinión Personal
Muchas veces me paro a pensar y hago profundas reflexiones que pocas personas se atreven a hacer. Muchos lo pueden llamar meditar. Otros estar loca. Yo no necesito darle un nombre. En esos pequeños grandes instantes, me do cuenta de que la frase que dicen en este libro que me enamoró al intante tiene razón:
Esos momentos que son mis pequeños infinitos son como instantes en los que comprendo que no necesito las cosas materiales para ser feliz, que en la vida hay cosas más útiles que lo material para sacarme una sonrisa. Y en esta ocasión no se si compararme con alguno de los dos protagonistas o con cuál, pero miraré primero a los ojos a Hazel.
Ella fue algo más que un personaje en cuanto me adentré en los primeros capítulos. No es ni mucho menos la chica perfecta que ama todo lo que le rodea y sonría por pura felicidad. Al contrario. Es realista, inteligente y en ocasiones me deprimió leer sus reacciones frente a algunas cosas. Pero lo que más me gustaba de ella era que siempre le intentaba sacar una sonrisa a las situaciones en las que sonreír era como una medicina para sus seres queridos. Su caracter me atrapó y me dejó con una sonrisa tonta en la cara. Me hizo reír hasta ahogarme y llorar como una desesperada. Pero lo que más me gustó fue que me hizo reflexionar, y consiguió que abriera un poco más los ojos y mirara con más luz lo que me rodea.
Pero el personaje que sin duda me demostró que no necesitamos solo lo material en nuestra vida para poder sonreír constantemente fue Gus. Me enamoró entero, desde la punta del cabello hasta la planta de los pies del pie. El era realista también, pero vivía en su mundo, sonreía sin motivos, se ponía un cigarrillo en la boca solo por el placer de negárselo a si mismo. Me enseñó frases de caracter opuesto y que iban en sintonía consigo mismas, aprendí que hay cosas por las que merece vivir, y cosas por las que apetece poder respirar una hora más en este mundo. Su razón era su familia y Hazel, pero sus motivos muchos y variados.
Por que aun que sepas que tu eres una posible granada, siempre puedes limitar a cero tu campo de destrucción y sonreirle a la vida, al pequeño infinito que a todos se nos ha sido concedido.
Puntuación:








